martes, 10 de mayo de 2016

Fuego Fatuo: Capitulo Tres

Ese nuevo mundo o como lo llamaban los habitantes de este Cielo Mágico estaba lleno de cosas imposibles, de cosas sorprendente, no solo runas que tienen el poder de controlar elementos o seres vivos, había mas que faltaba por descubrir su procedencia y una de esas cosas era la luz azul tan azul como el mar reflejado en el cielo, tan brillante como el sol y tan misteriosa como la isla misma.

Se levanto un poco cansado y no tenia ganas de abrir los ojos y quedarse bajo sus sabanas calientes y dentro de su habitación, pero para su mala Sebastián se interpuso entre sus deseos de dormir mas horas y le quito las sabanas y lo tiro al suelo de un simple movimiento, se quejo cuando su cuerpo cayo en el frio piso de madera y se levanto lentamente perezoso por las horas de sueño y vio que todavía estaba oscuro el cielo y la habitación y solo unos pocos rayos de sol teñían la oscuridad de un azul mas claro que la noche junto con toques rosas y amarillos.

Nunca había visto un amanecer en toda su vida y sin duda era lo mas hermoso que haya visto desde que nació, vivir bajo las sombra de una tela oscura que cubría al mundo era triste y desolador, no había plantas, todas se habían secado, la alimentación era principalmente de carnes y alguna que otra planta que se cultivaba en pequeños espacios determinados para plantar que el Oscuro les había dejado, el había visto como la codicia de esa hectárea de tierra con luz poseía a las personas y las mataba poco a poco hasta que el huerto pasaba a otras manos y estos también morían.

Sebastián lo saco de sus pensamientos lanzándole una almohada y lo miro impaciente, sabia que se les hacia tarde para lo que fuera que fuesen hacer pero sin duda ver lo increíble que puede ser el sol y como hace que la naturaleza florezca en todos los aspecto es abrumador y hermoso y deseo que todos en Modeum pudieran ver y sentir la brisa de aquel amanecer y el calor del sol, pero no podían y al menos que de verdad pudieran no lo apreciarían como lo hace el, solo estaría felices de verlo, pero sentirían aquella abrumadora sensación de saces espiritual cuando vez un amanecer luego de una noche eterna.

Aquella mañana Sebastián se paso enseñándole cosas básicas y algunos cristales, líquidos de colores extraños y de precedencia dudosa junto con proyectos y anotaciones que había ido recolectando a base de prueba y error, era divertido verlo explicar todo como un pequeño niño al que le pides que te diga cuales son sus dulces favoritos y se perdió entre sus ojos y las información que su boca pronunciaba y estuvo entretenido todo el día con el, le agradaba su compañía y podía notar que el estaba cansado de estar solo, por la forma en que le sonreía y lo miraba como si fuera una alucinación mas de su mente.

Su padre solía decir que el olvido era el mejor licor del alma, ya que dejabas de sentir y dejabas de pensar pero su padre era un borracho y uno de los alquimistas mas grandes luego de la orden, pero eso no quitaba el hecho de que fuera un borracho.

El pensaba diferente de su padre y decía que el olvido era un veneno para el alma, por que perdías lo que te hacia persona y lo que habías aprendido y así se sentía en ese momento como un cascaron vacío que ocupa llenarse de líquidos para formar una vida en su interior, no tenia recuerdos mas haya de la noche donde murió y como se sintió ese día pero no mas, sabia que tenia padre y era un borracho que filosofaba a base de licor y que tenia un hermano, pero no recordaba si estaba muerto o vivo.

–Daniel– le hablo Sebastián y volteo rápidamente a verlo y el tenia una mirada de consternación en el rostro junto con un poco de preocupación por la poca atención que estaba poniendo en esos momentos.

–¿Qué pasa?–pregunto forzándose a salir de sus pensamientos y de los pocos recuerdos que tenia, no entendía mucho de lo que decía y solo asintió cuando tenia que hacerlo pero no estaba poniendo atención.

–¿Te sientes bien?–dijo con algo parecido a la preocupación en sus ojos y no sabia si contarle o no hacerlo, decidió por no hacerlo no era importante y la confianza era casi nula entre los dos.

–Bastante bien como para seguir con el paseo–dijo refiriéndose a la charla y Sebastián suspiro, sabia que mentía, no explicaba como lo sabia pero lo sabia, era como una pequeña hormiga metida en su oreja que le obliga a rascarse y preguntarle para quitarse la comezón y lo ignoro y siguió con su platica pero aun así Daniel seguía en otro mundo, un mundo donde el olvido y la oscuridad todavía siguen presentes.
Todo paseo tiene infinitas partes que lo hacen único, un principio en un lugar muy popular y no tan interesante, una caminata que despejaba dudas y los acercaba al paisaje y al guía del paseo, un momento de tensión donde los nervios se contraen por que saben que se acerca el momento que todos esperaban, el momento que marca la diferencia entre un paseo y otro, la diferencia que hace que los paseos se hagan mas seguidos y ahí es donde se encontraban Daniel y Sebastián, delante de cortina de niebla y con sus cuerpos estremeciéndose de expectación.

Era un espectáculo único ese despliegue de tonos grises y blancos, era como ver un huracán desde las nubes, la niebla no era estática, eran remolinos, vueltas, giros, pendientes y vertiginosas que se detienen en algún punto antes de tocar las puntas del cabello de Sebastián.

Se detuvieron y observaron aquel movimiento de la niebla expectantes, como si su peor pesadilla saliera de aquella niebla y se los llevara a lo mas profundo para desfigurarlos y asesinarlos a sangre fría.

–Esta niebla es aterradora–dijo Sebastián con una mirada perturbada y Daniel solo pudo asentir solemnemente mientras veía como la mirada de Sebastián buscaba algo mas halla de la niebla, algo que el no podía ver pero que si sentía y el deseo de entrar en esa misteriosa niebla fue tan grande que el hecho de voltear hacia un lado dolió.

–Esta niebla es maravillosa–dijo Daniel luego de unos minutos observando de nuevo la niebla y no supo por que lo decía pero tenia razón aquella niebla era maravillosa, era un helado en un desierto, desconcertante y anhelante.

–Desde que llegue a Cielo Mágico esto es lo único a lo que le tengo miedo, siento que una vez que entre no hay marcha atrás y lo único que encontrare será el olvido entre la neblina junto con la muerte, pero se que en algún momento será necesario para salir de Cielo Mágico, atravesar la niebla y sentirse perdido por el tiempo que este desee que esperes por algo mas, por algo que solo ella sabe–guardo silencio, no sabia si lo estaba diciendo para Daniel o para si mismo pero era un pensamiento que tenia guardado en su mente desde el primer instante en el que vio la imponente vista de Cielo Mágico y todo cambiaria, pero ¿para bien? O ¿para mal? No lo sabia y la piel le picaba cada que veía esa niebla viviente que se detenía en alguna pared invisible entre la realidad de ellos y la realidad de donde proviene aquella monstruosidad blanca y gris.

Daniel se estremeció cuando escucho hablar a Sebastián, por un momento sintió como aquella niebla atravesara la pared invisible que la retenía y se metiera en su nariz, boca y orejas para viajar por todo su sistema cardio-vascular y llegara a su corazón para llenarlo todo de una profunda incertidumbre y deseo de perderse en las profundidades de la pared invisible.

Los dos giraron a verse y vieron sus reflejos en los ojos del otro y en las esquina la niebla inundándolos como pequeños marcos que encerraban el deseo de entrar en aquella niebla y olvidarse de todo.

–¡ENTREN!–gritaron desde lo mas profundo de sus mentes y ambos lo ignoraron, pensando que solo era una alucinación, pero la voz no se iba y les gritaba a ambos que entraran, los invitaba a entrar, los incitaba a tocar con la yemas de sus dedos aquellos colores neutros que se movían, que estaban vivos y ambos se dieron media vuelta y caminaron de regreso a la cabaña, con solo un pensamiento en su mente ¨Tengo que entrar a esa niebla¨ y uno de ellos lo haría esa misma noche.

El día paso tranquilamente una vez acabado el recorrido y terminado de explicarle a Daniel el funcionamiento de las cosas de la sección a la que ahora pertenecía, Sebastián se encerró en el laboratorio mientras Daniel se quedo leyendo un libro en la entrada de la cabaña que esta cubierta por un tejado de madera y debajo de esta un banco pegado a la pared de la cabaña apenas cubierto por el tejado.

Estaba tan entretenido leyendo recostado en el banco de madera, que sintió como si nada tuviera sentido dentro de la isla, estaba acostado en un banco, debajo de un tejado de madera, en medio de un paraíso invernal, rodeado de paredes interminables de niebla y no tenia frio ni miedo, pero si se sentía perdido, perdido en el interminable misterio que representaba su estancia en cielo mágico,  era como un clavo en un bote lleno de tachuelas, ignoras que hace ahí pero no puedes negar su presencia.

Sus ojos se agrandaron como dos pelotas de beisbol y sus cejas casi podían tocar las raíces de su cabello, sorprendido leyó una y otra vez ese único párrafo en medio de la hoja amarillenta y manchada de tinta en la parte central, signos y símbolos que el solo había visto en la libreta de su padre, era código alquímico, pero cuando sus ojos pasaron sobre las ligeras líneas de tinta en el papel, los símbolos y letras se ensimismaron y se separaron tan rápido formando palabras que el nunca había esperado leer, eran las indicaciones de una de las pruebas, se levanto rápidamente del banco, dando un salto y corriendo al laboratorio donde encontró a Sebastián sentado se veía un poco cansado y deprimido en aquella esquina del lugar en un banco alto de madera, parecía como si estuviera castigado con ver la nada en la unión de las dos paredes pero se levanto cuando vio a Daniel, casi bufando por el repentino ejercicio de correr hasta donde se encontraba.

Le tendió el libro abierto en la pagina donde estaba mientras, respiraba profundo para eliminar la agitación de su cuerpo y mirar los ojos verde de Sebastián agrandarse tanto como lo habían hecho el mismo, y dejo caer el libro en el frio piso de cemento mientras las hojas se corrían una tras otra hasta terminar en la pasta dura del libro.

¨Invisible como el aire, mas duro que el acero, mas redondo que la tierra y mas antiguo que el tiempo la prueba se encuentra dentro de arena quemada¨

No sabían quien había puesto ahí el mensaje y como había llegado ese libro a la estantería que estaba en la sala de estar, y tampoco sabia si era una coincidencia escoger ese libro entre los cientos de libros que hay en las estanterías.

El no creía en las coincidencias, pero si en el destino, una fuerza tan grande e inamovible como la misma fuerza que hace que los objetos caigan en vez de flotar, tan poderosa que nadie puede luchar contra el, tan escandalosa que nada puede acallar el grito del destino cuando te llama y eso mismo pasaba en ese instante, el destino los llamaba no como un grito, era apenas un susurro que solo los mas susceptibles podían escuchar y entender pero estaba claro que ninguno de ellos lo era o al menos no en ese momento.

Sebastián se libero de su letargo mental y levanto el libro del suelo releyendo una y otra vez las palabras, buscando mas información, ya había leído esas palabras antes, pero no se acordó donde lo había hecho y de pronto se quedo mirando el vacío a través de un cristal, trasparente que podía incluso no verse, podías ver el otro lado mas grande pero el otro lado no era ninguno en particular, solo era cristal… Cristal, casi grito la palabra, la respuesta era cristal, era un materia, transparente en su mayoría de casos, se obtenía a base de quemar arena y era capaz de durar cientos de años.

–Cristal­­–dijo en voz alta para que también lo oyera Daniel aunque estaba diciendo la palabra mas para si mismo que para su compañero.

La mente de Sebastián empezó a arder en posibilidades y recuerdos donde había leído esas palabras en otro lugar, y pequeñas imágenes que pasaban demasiado rápido lo vio, la otra parte de la frase, dentro de la oscuridad, en las profundidades del bosque de pinos, dentro de una habitación dentro de la tierra, pero estaba empezando a nevar y si iba a ese lugar era seguro que no regresaría hasta el anochecer y tal vez no la encontraría, por la nieve, pero era importante y antes de siquiera pronunciar una palabra Daniel le lanzo los abrigos a Sebastián y salieron por la puerta, Daniel detrás de Sebastián y se adentraron en el bosque, disponían de menos de veinte minutos para encontrarla o si no tardarían semanas en volver a buscarla.

El anochecer estaba cerca, el cielo se empezaba a tornar anaranjado y rosa y la tormenta de nieve empezaba a enfurecer, tapando un poco la visión de los jóvenes y llenando sus pestañas y hombros de copos de nieve que se iban acumulando formando una pequeña capa de nieve que se resbala por la ropa cada cierto tiempo y numero de pasos.

El tiempo se les terminaba y los tonos naranjas y rosas pasaron a un gris y azul pálidos que se empezaban a tornar oscuros cada segundo, les quedaban cinco minutos o quizá menos y seguían dando vueltas alrededor de los arboles, sin encontrar nada y la nieve estaba cubriendo ya sus pisadas, la tormenta se enfurecía y a ellos solo esperaban encontrar algo que tal vez no encontraran ese día.

–Creo que es mejor regresar–grito Sebastián por encima del ensordecer sonido del viento, la tormenta estaba en su apogeo, ya no solo eran copos de nieve ahora era nieve del tamaño de grumos que se pegaban a la piel y todo lo que hubiera a su paso incluso unos con otros formando pequeñas bolas de nieve que golpeaban de vez en cuando la cara de Daniel y Sebastián.

–Si creo que… –Daniel no alcanzo a terminar la oración por que se tropezó y cayo de cara a la nieve, en un principio pensó que fue gracias a una raíz que se expandían por todo el lugar, pero al levantarse sintió que el suelo no era tierra, y no se extendía por las profundidades de la tierra, era madera, madera vieja y desgastada por la nieve que rechino cuando paso por ella y vio una pequeña argolla de metal que estaba tan frio que podía pasar por hielo y volvió a gruñir la madera cuando Daniel jalo la argolla haciendo que la pequeña puerta del suelo se levantara y un olor a humedad inundo el lugar.

La entrada era estrecha, quizá un metro de ancho por dos de alto y se agrandaba luego de medio metro para dar paso a unas columnas de madera que sostenían el techo y dejaban paso a una habitación espaciosa con paredes de cemento gris, la habitación estaba fría y húmeda y las paredes llenas de manchas de humedad, en la parte derecha había un conducto de vidrio que se extendía mas haya del suelo de donde salía una débil luz azul y Daniel recordó la luz de la noche anterior y pensó si las dos tenían que ver, se iba acercar a ver de donde procedía esa luz pero el mensaje en la pared del fondo donde se encontraba una mesa llena de libros y porta velas de metal, el mensaje estaba escrito y repetido decenas de veces en la pared incluso empezaba a ser aterrador y vio como de nuevo los símbolos y signos se movían para formar palabras que el comprendiera, que el entendiera.

¨Sin color, sin forma, atrapada en un bucle, decidida a esperar, te espera, la segunda prueba se abrirá antes  que la primera,  aguarda y espera para consumir su alimento favorito MIEDO¨

La ultima palabra estaba escrita con sangre  ¨MIEDO¨ sangre seca y oscura, el aterrador final en sangre, y por fin capto el aroma del lugar como si la palabra hubiera abierto sus fosas nasales o se negara a oler la habitación olía a muerte a muerte de ambos, la muerte olvidada y esperando por volver a reclamar sus almas y vomito, y el vomito también salió por su nariz y sintió que se ahogaba y se arrodillo ante la nada mientras terminaba de vomitar y que sus piernas dejaran de sentirse flácidas y se recargo contra la pared mas cercana.

Todo iba tan rápido ¿Se desmoronara igual de rápido? No lo sabia pero esperaba que la respuesta fuera que no.

Sebastián lo observo y también tuvo un poco de nauseas pero las trago con fuerza y se acordó por que habían ido a ese lugar, ya no solo olía a podredumbre también a vomito y si esa compuerta que el lugar tenia como puerta no se abría la tiraría a patadas por que no podía quedarse a convivir con ese olor uno o dos días, lo suficiente para que la nieve se aflojara y volviera a abrirse, pero su compañero lo preocupaba un poco mas que quedarse encerrado con ese nauseabundo olor.

–¿Danny estas bien?–pregunto, sabia que la pregunta era tonta pero también era necesaria.

–Si estoy… bien–respondió y su voz salía como un graznido y se preocupo aun mas, el necesitaba agua para hidratarse de nuevo pero dentro de aquel lugar no había agua, solo olor a cadáver, libros con esquinas envenenadas y aquello que fueron a buscar, la runa encerrada en el cristal, la runa del agua, la necesitaran ambos mas adelante, podía sentirlo y el olor empezaba a ser insoportable.

Se acerco a la mesa que estaba pegada a la pared justo debajo de mensaje y tomo rápidamente la esfera de la mesa no sin antes revolver un montón de papeles y se giro para ver a Danny, que tenia las manos llenas de vomito y un poco de sangre debido a la caída.

–Debemos salir o nos quedaremos encerrados varios días–dijo serio aunque estaba sonriendo un poco al recordar la caída de Danny (se apeno por eso y su expresión se volvió neutra) se acercaron a donde estaba la compuerta y vieron que estaba abierta y una pequeña capa de tres centímetros de nieve se asentaba justo debajo de la entrada y empezaron a subir, mientras la nieve se les volvía a pegar a la ropa.


Seria una larga noche para los dos y solo era el comienzo, ¿que le espera al  joven que va a investigar la niebla dos horas mas tarde? justo cuando la luna este en su punto mas alto y le alborote el cabello mientras espera en el limite de la niebla… MIEDO.

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