miércoles, 1 de junio de 2016

Fuego Fatuo. Capitulo Cuatro

–Algo esta mal– ¨Todo estaba mal ¨ quiso gritarle Sebastián a Daniel pero no sabia exactamente a que se refería o que es lo que se le hacia mal.

–La nieve, mira la nieve–fue como si pudiera leer su mente y supiera que no lo había entendido y miro la nieve y veía que todo estaba igual que antes, seguía cayendo y seguía pegándose a su ropa.

–¿Qué tiene de malo la nieve?–Pregunto confundido, seguía sin entender y sin ver lo que tenia que ver.

–No se mueve y se esta convirtiendo en agua demasiado rápido– Dijo y Sebastián lo miro con cara de loco, quizá estaba loco pero tenia razón en lo de la nieve, se estaba haciendo agua y estaba empapando el suelo demasiado rápido, nunca se había puesto a observarla por que era común que cayera una y otra vez y luego se deshelará y quedaran charcos en la arena, pero nunca había notado la velocidad de los copos de nieve y Daniel tenia razón no se movían, o lo hacían demasiado lento para parecer que lo hicieran y se pregunto si todo el tiempo pasaba lo mismo y supuso que tal vez si lo hacia y el nunca se daba cuenta.

–Esto es…–no tenia palabras para decirlo –raro–complemento en un susurro mas para si mismo que para el otro pero aun así no se detuvieron mas tiempo y empezaron a caminar directo a la cabaña.

La mente de Daniel era un lio, se pregunto demasiadas cosas y por cada nueva pregunta aparecían dos nuevas algunas de ellas demasiado tontas pero al fin y acabo preguntas y una de ellas la mas importante de todas ¿Quién eran ellos? Y ¿Qué hacían allí? Eran las preguntas que sonaban en su mente, se conocía a si mismo (o eso creía) pero no conocía a Sebastián o al Daniel que revivió en aquel lugar llamado Cielo Mágico ¿Quién era el? Y ¿Qué hacia en ese lugar? Se pregunto tantas veces que le empezó a doler la cabeza y se sobo las sienes para mitigar un poco el dolor y pensar mejor pero no lo hacia ninguna de las cosas ni parar el dolor ni tampoco pensar mejor.

Se recargo en uno de los pinos con ramas cubiertas de nieve que estaban por el camino y se dispuso a descansar, seguía con el estomago revuelto y con mas ganas de vomitar, manchar la nieve con ácidos estomacales y partes de alimentos no era sin duda un gran pensamiento pero era lo único aparte de las preguntas que llenaban su mente en ese momento.

–Sigamos, falta poco–Sebastián se acerco a el y puso una mano en su hombro, Daniel se quedo sin aliento un segundo, la luna estaba detrás de Sebastián y sus ojos podían pasar por verdaderas hojas de arboles si las veían desde ese lugar, recargados en un árbol con la luz de la luna detrás de estos y una preocupación disfrazada de agotamiento en su rostro.

Asintió levemente y empezó de nuevo a caminar, no sin antes agarrar un puño de nieve que no se veía tan sucia por el polvo o tierra y se la llevo a la boca, tratando de controlar el ardor de su garganta y el sabor a vomito que se encontraba en su garganta, deseaba darse un baño y sonarse todos los mocos y restos de alimentos que quedaban en su nariz y dormir, dormir hasta que la luz del día le calara en los ojos pero sabia que eso no seria posible por que Seb lo despertaría momentos antes de que amanecería y se asombraría por la belleza de ver su nuevo hogar atraves de esos colores y luces que solo el podía observar.

El camino fue silencioso, solo por el crujir de las ramas de aquellos pinos con piñas en los extremos de estas al tener demasiada nieve y no soportar su peso, doblándose y tirándola para luego volver a llenarse poco a poco hasta que volvía a suceder y se pregunto que si en algún momento las ramas se partirían en dos y caerían sobre ellos haciendo que quedaran ahí tendidos en medio de aquel bosque de pinos y les diera hipotermia muriendo a causa de las bajas temperaturas.

Deshecho esas ideas y siguió caminando tratando de enfocarse en la desagradable sensación de tener su vomito en las fosas nasales y en la creciente sed que lo asaltaba, se estaba deshidratando y lo sabia, pero la nieve no saciaba aquel impulso de tomarse todo el océano de ser necesario y espero por llegar a la cabaña lo mas rápido que sus piernas y energías (que se gastaban de mayor manera cada vez) se lo permitieran.

Llegaron a la cabaña as tarde, cuando la luna dejo de estar en el centro de aquella bóveda celeste llena de estrellas y colores que lo hacían delirar y harían delirar a cualquier joven de su edad que lo viera, Modeum estaba sumido en un eterna oscuridad donde las velas y una que otras veces la luna cortaba ese manto oscuro y los hacían ver la mierda en la que vivían, la suciedad esparcida por las paredes de casas y edificios, sus ojos se habían acostumbrado a ver esa oscuridad como un pañuelo que cubría su vista para dejar de ver lo que tenia que ver, pero sin embargo el sabia lo que ocultaba esa oscuridad y lo que cubría el pañuelo de su rostro… La verdadera naturaleza del miedo y la verdadera naturaleza del ser humano al privarlo de la luz.

Después de un baño y de ponerse algo cálido para dormir Daniel se quedo dormido y no despertó hasta la mañana siguiente cuando escucho el golpe de algo caer en la puerta y cuando bajo a ver que era, hubiera deseado no hacerlo, un Sebastián herido y con la ropa hecha jirones se encontraba tirado, boca abajo con la respiración débil y espasmódica, era una suerte que estuviera vivo.

–¿Qué es lo que te ha pasado?–se pregunto pero cuando vio caer la piedra de la runa en el piso de madera supo que algo mas grande estaba detrás de eso ¿qué es lo que le paso a Sebastián? Se pregunto pero no sabia si encontraría la respuesta y solo espero a que se levantara mientras curaba sus heridas pero algunas eran demasiado profundas para curarse en varios días.

La brisa movía su cabello, no estaba largo, pero si lo suficiente para que el aire lleno de nieve y de olor a pino lo moviera, había liberado la runa de camino a ahí con nieve, pero no cualquier nieve, era nieve azul que se encontraba en el fondo de la zona de invierno, no sabia por que esa nieve era especial, pero algo lo llevo hasta ella luego de que la nieve convencional no funcionara y se frustrara pero ahora estaba frente a ese muro inamovible de niebla y se sintió expuesto como todas las veces que se había pasado viéndolo desde la distancia.

Se encontraba mirándolo, pero ahora la niebla tenia un aspecto mas amenazador que los demás días, ahora parecía un espejo, se veía reflejado en ella, rodeado por la niebla, invitándolo a pasar y formar parte de ella, invitándolo a recrearse en ella, sabia que era el momento de hacerlo, no sabia como explicarlo pero el sabia que tenia que entrar en aquella niebla y afrontar lo que había del otro lado.

Con un suspiro largo y lleno de dudas metió un dedo, era un cobarde de primera y el lo sabia, pero la sensación de humedad y frio le recorrió del dedo a todas partes de su cuerpo… no de su alma, y saco rápidamente el dedo, para meter la mano y entonces todo su cuerpo fue jalado por la niebla y sintió que todo dio vueltas y tenia ganas de vomitar hasta el corazón, le dolía todo, hasta las partes espirituales y sus testículos se comprimieron tanto que temió que si se hubiera roto uno de ellos, por que sentía como si se le fueran a caer.

Camino mientras observaba su alrededor, vacío, estaba vacío, solo por la niebla que lo cubrió todo, se encontraba vacío y camino viendo como un viento invisible arrastraba la humedad gris y se la llevaba para atraer mas de otro lugar.

Ese lugar era demasiado extraño, todo en el era extraño, pero no imposible se recordó mientras caminaba por esa densa niebla, por cada paso que daba sentía que daba dos y luego la acción se iba multiplicando hasta que sintió que sus piernas dejaban de responder y se quedo quieto, sus pies pesaban demasiado como si estuvieran pegados al suelo, pero arrastro los pies, su cara se puso roja y los tendones de su cuello se agrandaron, necesitaba demasiada fuerza para arrastrarlo, retrocedió un poco y se dio cuenta de que era mas fácil retroceder que avanzar, pero no por eso significaría que abandonaría ese lugar y siguió arrastrando los pies, varios metros que sintió que fueron kilómetros.

El rugido de un animal… no una bestia se dijo mientras se volvía arrastrar pero entonces lo vio imponente entre la niebla, como una sombra, sabia lo que era pero le temía, no había ser en la tierra que escapara de el, un Prizrak.

Se escondió muy bien entre la niebla, pero nunca pensó que eso fuera lo que le esperara, una criatura inmortal, de las oscuridades, pero a diferencia de  todas estas era blanca, con tonos rojos, era como una manta tirada en el viento, no tenia cuerpo físico, pero aquel manto escondía la peor pesadilla de cualquier humano, en lugar de cabeza tenia un agujero de donde sobresalía una moneda de treinta centímetros de diámetro de pura y brillante plata y de donde empezaban a salir los trazos de color rojo, en la mano se encontraba lo mas aterrador de todo, su espada hecha de huesos rotos, unidos con una sustancia verde transparente que solo se podía definir como el color de un alma podrida y en el mango de esta se encontraba una bola de cristal tan azul como el cielo o como el mar y supo lo que era en cuanto lo vio, otra runa.

Se quedo quieto esperando que la criatura se acercara y así lo hizo, lentamente, flotaba entre la niebla como la brisa y se arrastraba lentamente, no lo afectaba lo mismo que el, el sabia que ese monstruo se movía así para disfrutar el miedo de su contrincante y se quedo frente a frente con el y el olor a muerte, putrefacción y dolor pueden ser buenos argumentos para saber que esa monstruosidad no fuera aliada de la luz.

Los Prizrak tenia una naturaleza muy poco común entre las criaturas, eran los cazadores de las almas malditas, con su apariencia blanca y pura a diferencia de su aroma, ellos no se aliaban con ningún ser pero al alzarse la oscuridad fueron sometidos por el oscuro, el era el único que podía controlarlos, y hacer lo que quisiera con ellos, los podía matar con una mirada si quisiera, pero eran mas útiles como sirvientes.

Sebastián se estremeció al verse en aquel espejo plateado, su reflejo demostraba a otra persona que no era el, un hombre ya entrado en sus años plateados, la locura se le veía en la cara pero también tenia una mirada astuta y amigable, el tenia que examinarse para que la criatura decidiera si matarlo o dejarlo vivir.

La criatura llevo a su veredicto y Sebastián se dio cuenta demasiado tarde como para retirarse y la espada de huesos, se engancho a su abdomen haciendo un corte limpio pero poco profundo y supo que si había sobrevivido era por que el lo deseaba, su sangre manchaba el suelo, que apenas se había dado cuenta que era como si estuviera flotando sobre agua turbia, pero ahora se manchaba de rojo, y la espada de huesos chorreaba mas sangre y la criatura se acerco la espada a su metálica cara (o lo que se le podía decir así) y recorrió la sangre por la superficie plateada hasta que se volvió roja y vio como la criatura enloquecía y empezaba a lanzar ataques que esta vez Sebastián esquivaba por poco, decir que se había cagado por el miedo de forma literal seria una deshonra pero eso no dejaba duda de que no se hubiera en los pantalones por el miedo a morir, se sintió asqueroso consigo mismo era un miedoso y aquella mancha en los pantalones lo decía.

Se movía hacia atrás con movientes rápido y pensó en un muro de nieve alzándose en entre la monstruosidad y el pero no sucedió nada y entendió que en un lugar como ese las runas era simplemente piedras, no cosas de batalla y deseo ir mejor armado que solo con la runa y una pequeña navaja de quince centímetros con el filo irregular que ya no tenia demasiado filo.

La saco de su bolsillo trasero y se puso en guardia, hasta que la criatura desapareció entre la niebla, sabia que no había terminado, era demasiado fácil y mas por que cuando te encontrabas con un Prizrak el deseo de morir rápidamente era lo primero que se te venia a la mente, pero el le temía a la muerte del modo que fuera, el no quería morir, no deseaba morir ¨Has muerto dos veces la primera cuando huiste y la segunda en aquella batalla¨ una voz en el interior de su cabeza le dijo y una punzada detrás de su cabeza casi hace que caiga sobre el suelo, se sentía débil y las rodillas le temblaban demasiado, la sangre le escurría por todo el abdomen y teñía los pantalones blancos de algodón en rojo, desde el resorte que los sostenía a sus caderas hasta mas abajo de la entrepierna esta cubierta por el rojo metálico de la sangre y no sabia si podría ganarle a esa cosa que se escondía entre la niebla.

Has muerto dos veces

No sabia a que se refería, el no había muerto, no había muerto.

Dos veces

¨Solo hay una forma de llegar a Cielo Mágico y es muriendo ¨

–¡MIENTES!– Desesperado, repaso como había llego ahí en un bote y estaba vivo y nunca murió.

¨Sebastián Serin Glaer Rutin moriste por la espada de un compañero la primera noche de la rebelión, pero tu espíritu murió cuando te alejaste de quien amabas¨

La voz se escuchaba mas amenazante, mas intimidante, mas sincera, su cabeza empezó a palpitar y doler, quería acallar las voces, quería que todo se acabara, el no murió, no murió, no murió y no morirá esta noche.

¨Yo nunca eh amado a nadie, no merezco amar y ser amado¨ El sabia que estaba mintiendo, el deseaba amar hasta que sus cuerpos de desvanecieran y solo sus almas se reencontraran una y otra vez hasta que el mañana ya estuviera frente de ellos y ya no fuera una alusión al futuro si no su presente.

El Prizrak volvió y le toco el nombro con  su mano plateada hecha de metal frio metal, solo dejo su brazo ahí mientras Sebastián se cubría la cara con sus manos y sentía aquel frio toque en su hombro, la furia y el miedo trepaban por su garganta, desgarrándosela, no entendía nada, no quería entender nada, pero quería ver  a ese monstruo sometido a sus pies y a su mano, se alejo de el dos pasos y tardo mas de lo que quería, sus pies pesaban demasiado, se voltio y sintió como si todo su ser se estuviera muriendo, ya no solo era la perdida de sangre, lo que lo hacia sentirse débil, también era la perdida de sus creencias y recuerdos.

¨Miente cariño miente, solo matas tu alma y tu espíritu cada que lo niegas, cada que lo anhelas sin saber quien es y sobre todo cuando niegas quien eres tu y de donde provienes Sebastián, lo recuerdas… ¡PROMETEME QUE TE QUEDARAS HASTA EL DESPERTAR DEL MAÑANA!… Lo recuerdas, lo recuerdas ¡LO RECUERDAS!¨

Él empezó a recordar, primero pequeños retazos de colores vibrantes cobrando vida y moviéndose dentro de su mente luego, huracanes de sentimientos y secuencias, el no sabia como era antes de llegar a su nuevo hogar, no quería saberlo, pero ahora necesitaba saberlo y algo dentro de él se rompió y todo se volvió confuso después de ahí, junto con la rabia fría que emanaba de su cuerpo.

Sebastián rio, no una risa divertida y única, no una risa cínica y llena de odio, no sabia por que era ese humor tan impropio de el, le disgustaba el odio y cinismo pero su ser se estaba llenando de el y le gustaba la sensación, se sentía invencible y poderoso bajo aquella piel que llamaba Sebastián.

–Me quedare hasta el ultimo retazo del crepúsculo del día de mañana– Respondió como aquel día frente a la persona que amaba, pero no tenia romanticismo en su voz sino insolencia y descaro como una blasfemia aquel recuerdo y al amor que juro sentir en aquellos momentos

El Prizrak retrocedió un paso cuando Sebastián lo vio con aquellos ojos verdes oscuros, todo a su alrededor se volvió oscuro y frio, demasiado frio, el monstruo se sintió pesado de repente y no pudo moverse, una capa de nieve lo estaba congelando poco a poco y la fría mirada de Sebastián era impasible, los papeles se habían intercambiado, verdugo y condenado ya no eran los que tenían que ser o quizá siempre fue así, Sebastián el verdugo sin compasión y el Prizrak el condenado a muerte.

El monstruo se movió haciendo que la nieve se rompiera en un charco de escarcha debajo de el y alzo aquella espada de huesos rotos unidos por aquel liquido verde transparente y lo ataco rápidamente, Sebastián no se movió y el golpe se vio movido por si solo cortando las primeras  capas de piel de del pecho hasta el estomago y Sebastián avanzo hasta aquel monstruo que por primera vez en su vida tenia miedo a algo que no fuera la oscuridad.

Lo toco, primero toco la espada, que de un movimiento rápido se la arrebato de las manos y la tiro varios metros lejos de ellos.

He muertos dos veces

¿Dos veces?

No nunca eh muerto

Toco al Prizrak con su mano derecha y lo toco desde el brazo hasta aquel plato que empezaba a volverse plateado oscuro y volvió a salir escarcha de sus manos.

–Claro que eh muerto, si no, como llegaría a este lugar que llaman Cielo Mágico o debería decir Tierra Bastarda por que solo se viene a morir y a negar tu nacimiento– Se empezó a contradecir mentalmente, sus creencias se veían afectadas pero aun así seguía con el cinismo en su voz y aquella incontrolable furia fría que atravesaba de su mente a su cuerpo y…

La runa empezaba a funcionar, sin nieve a su alrededor, pero el frio de su ser encerrado era lo que hacia que la runa funcionara.

¨Sebastián, Sebastián, Sebastián, ¿Quién es Sebastián?¨

El plato de plata exploto en millones de pedazos y el Prizrak callo con sus engranes, partes metálicas y la espada de huesos también se deshizo, Sebastián tenia golpes en el cuerpo luego de que el Prizrak se hiciera pedazos frente a el y como si de metralla se tratara golpeo el cuerpo de Sebastián, pequeños pedazos que salieron volando y se le incrustaron en el cuerpo.

–YO SOY SEBASTIAN Y SOY… no soy nadie– El sabia y el Prizrak lo sabia no fue nadie antes de llegar a Cielo Mágico y tampoco seria alguien a salir de ese paraíso invernal.

Sebastián sintió que algo también se rompía dentro de el, en lo mas profundo de su ser, algo que dejaba entrar demasiado calor a aquel tempano de hielo en su alma, y dejaba un solo objeto en aquel lugar donde el hielo se encontraba, una cadena unida a una puerta que rezaba ¨Pasado¨

Todo se volvió negro, su cuerpo empezó a caer y como si pequeños copos de nieve fueran recuerdos que no sabia que tenia empezaron a cubrirlo, no entendía ninguno de ellos y no pensaba que fuera el, el que estuviera viendo (viviendo) aquellos recuerdos y se quedo dormido en la niebla con las rodillas en el suelo junto a todo su cuerpo y con un pensamiento en su mente.

¨Yo no soy Sebastián, Soy la nieve del olvido y el olvido del mundo, soy uno de los hijos de la oscuridad¨ y realmente lo era.

–Prométeme que te quedaras hasta el despertar del mañana–Había dicho el joven castaño con ojos color chocolate frente a el, Sebastián en una versión mucho mas joven que la actual le dio un beso en la frente y luego uno rápido en la nariz y lo observo a detalle, recordando la pantalla de lagrimas que cubrían aquellos perfectos ojos y las mejillas sonrojada.


–Me quedare hasta el ultimo retazo del crepúsculo del día de mañana– Aquella frase era un eternamente juntos en Modeum y era lo que los querían y necesitaban en esos momentos, pero ambos sabían que bajo aquel manto de oscuridad lo único que era eterno eran las guerras, el sufrimiento y el dolor y fue lo que recibieron aquellos dos jóvenes enamorados los siguientes años de relación y la muerte para ambos cuando el oji verde se alejo por respeto al inexistente respeto que había desaparecido y pensó que era lo mejor para ambos… La equivocación se reflejaba en su rostro el día que abandono Modeum para aparecer en Cielo Mágico.

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